Es difícil escribir sin pensarte, y lo es también pensarte
sin necesitar escribir. Aunque, de hecho, pensarte no es una tarea muy difícil,
se podría decir que vives en mi mente.
¿Recuerdas el día en que nos conocimos? Tu sonrisa era tan blanca, tan pura, tan… ¿feliz? que me hipnotizó. Recuerdo que nos saludamos con un beso en la mejilla y, desde ese momento supe que querría poder besarlas siempre.
Me miraste y halagaste mis ojos, dijiste que tenían una forma extraña y que eran capaces de transmitir muchas cosas. No lo entendí, quizás porque estaba demasiado perdida en los tuyos, es que ¡no podía dejar de mirarlos! Nunca había visto unos tan hermosos.
Te pedí disculpas por no haberme presentado, a pesar de que te había dado un beso, te extendí mi mano y te dije mi nombre, y al tocar la tuya sentí la magia que me convenció de que eras tú. Cuando te presentaste sonreí y creo que quizás me sonrojé, tú también te disculpaste por haber hecho un comentario sobre mis ojos sin siquiera haberte presentado.
Quizás ambos estábamos envueltos por ese algo llamado amor. Quizás nos habíamos conocido en alguna otra vida. Quizás tu corazón ya pertenecía a otra persona, pero eso no me importaba, porque yo sabía que el mío latía a causa de ti.
Cerré los ojos por un segundo y me envolví en tu perfume, y al abrirlos, percibí que no había nadie más. Sólo éramos tú y yo, y ahora mi mundo giraba en torno a ti.
Y no hizo falta decir nada porque nuestros ojos lo decían todo. Cuando las palabras sobran, las miradas hablan. Y no existía nada más que la inmensa profundidad de tus ojos, en los que me perdí, y de los que nunca pude regresar.
¿Recuerdas el día en que nos conocimos? Tu sonrisa era tan blanca, tan pura, tan… ¿feliz? que me hipnotizó. Recuerdo que nos saludamos con un beso en la mejilla y, desde ese momento supe que querría poder besarlas siempre.
Me miraste y halagaste mis ojos, dijiste que tenían una forma extraña y que eran capaces de transmitir muchas cosas. No lo entendí, quizás porque estaba demasiado perdida en los tuyos, es que ¡no podía dejar de mirarlos! Nunca había visto unos tan hermosos.
Te pedí disculpas por no haberme presentado, a pesar de que te había dado un beso, te extendí mi mano y te dije mi nombre, y al tocar la tuya sentí la magia que me convenció de que eras tú. Cuando te presentaste sonreí y creo que quizás me sonrojé, tú también te disculpaste por haber hecho un comentario sobre mis ojos sin siquiera haberte presentado.
Quizás ambos estábamos envueltos por ese algo llamado amor. Quizás nos habíamos conocido en alguna otra vida. Quizás tu corazón ya pertenecía a otra persona, pero eso no me importaba, porque yo sabía que el mío latía a causa de ti.
Cerré los ojos por un segundo y me envolví en tu perfume, y al abrirlos, percibí que no había nadie más. Sólo éramos tú y yo, y ahora mi mundo giraba en torno a ti.
Y no hizo falta decir nada porque nuestros ojos lo decían todo. Cuando las palabras sobran, las miradas hablan. Y no existía nada más que la inmensa profundidad de tus ojos, en los que me perdí, y de los que nunca pude regresar.
A.D.L


