-Ciro, yo…
quería agradecerte en serio por todo. Por no dejarme sola, por salvarme, por
cuidarme y sobre todo por confiar en mí.
- No hay nada
que agradecer, es mi deber en parte y la confianza te la ganaste.
- Parece ser que
definitivamente siempre fuiste algo así como un príncipe, como en el cuento. Con
esos aires de nobleza y de responsabilidad, ese deber que vos tanto nombrás.
Sólo que ahora el príncipe creció y también parece ser un héroe que salva gente
por ahí y destruye a figuras paranormales- ambos sonríen.
Pero volviendo al tema y voy a intentar ponerme seria eh, creo que sin vos acá no hubiera podido. Ya sabés todo eso del laberinto y que estaba perdida, así que imaginate si yo me quedaba sola acá dando vueltas con lo torpe que soy jaja. Gracias, porque apareciste y no te fuiste y estas ahí desde que en este lugar tan… raro te encontré. Para mí es muy importante y quería decírtelo.
Pero volviendo al tema y voy a intentar ponerme seria eh, creo que sin vos acá no hubiera podido. Ya sabés todo eso del laberinto y que estaba perdida, así que imaginate si yo me quedaba sola acá dando vueltas con lo torpe que soy jaja. Gracias, porque apareciste y no te fuiste y estas ahí desde que en este lugar tan… raro te encontré. Para mí es muy importante y quería decírtelo.
Alma lo mira con una sonrisa en el rostro y sus ojos sinceros demuestran
que no hay ni una gota de sarcasmo o falsedad en sus palabras. Realmente así lo
sentía y deseaba que él siguiera estando ahí, un fuerte lazo los unía ahora.
Su
tan temida soledad había quedado lejos, quizás destruida como aquel laberinto
de espejos en el que todo empezó.
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