miércoles, 13 de febrero de 2013

La puerta


Después de otra noche de paz y tranquilidad llegaba el momento de actuar. Alma se levantó temprano y buscó algo para poder comer, unas frutas y un poco de agua del inmenso río que había creado. Ciro dormía como un tronco, a ella le causaba gracias verlo y contenía su risa para no despertarlo.
Más allá de su alegría aparente seguía preocupándole seguir en esa clase de realidad paralela, no retrocedían pero tampoco avanzaban. Había deseado tanto alejarse un poco de toda su familia, y ahora comenzaba a extrañar. Algo daba vueltas en su cabeza: ¿si le contaba a Ciro toda su historia, eso les daría una pista para saber por dónde hallar la salida? Pensaba que quizás sus historias tenían algo en común en algún punto, eran como un cuento, pero cuentos distintos. Quizás esa similitud no fuese una coincidencia, quizás esa era la clave.
Aun así no estaba segura. Tendría que quitarse su caparazón de chica feliz y de vida perfecta (que gran mentira). Nunca podía hablar de su vida más allá de lo que ésta aparentaba ser, le daba tanto miedo. Se bloqueaba, temía que la culparan a ella, que no la aceptaran, ¿con Ciro sería igual?
Él la sacó de su sumisión cuando de repente gritó: -Ey, hiciste el desayuno! ¡Gracias!- y le sonrió.
Comieron y rieron un rato, cargándose el uno al otro por las caídas y las ensuciadas en sus carreras de obstáculos, realmente disfrutaban estar juntos, al menos en esa situación.
Después de dar vueltas durante toda la mañana, Ciro se dio cuenta del estado de Alma:

-¿Te pasa algo? ¿Es por lo que hablamos anoche no?

-Si, es eso.

-Bueno pero no te preocupes ahora vamos a intentar salir.

- No tengo idea de cómo- le dijo Alma sin pensar todavía en contarle nada a su compañero.

- Yo tampoco- rió  pero pensemos. Si nosotros podemos crear espacios y cosas a través de nuestra imaginación quizás también podamos crear una especia de puerta que nos lleve a casa, o al menos a un lugar más “real”. Quizás si nos concentramos juntos podamos lograrlo.
Vio rastros de duda en el rostro de Alma, pero sin dejar pasar más tiempo la tomó de la mano y dijo:

- Dale, cerrá los ojos e imaginá una puerta, tu casa, un lugar físico al que pertenecías anteriormente.

Mil imágenes pasaron por la cabeza de Alma, desde su tobogán de cuando era niña, hasta su colegio, sus amigos, su papá, su mamá…

De repente un golpe seco inundó el lugar haciendo que ambos se sobresaltaran y abrieran los ojos. Una puerta inmensa había aparecido frente a ellos. Era de madera, una madera obscura, algo así como de roble. Tenía un picaporte dorado, antiguo, de esos que aparecen en las películas de terror en las mansiones embrujadas.
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         - Abramos- dijo Ciro, y dio un paso adelante.

Alma lo siguió de cerca. Abrieron. … Nada. Del otro lado no había nada. El mismo pasto, en el que estaban pero del otro lado de la puerta, nada más. No había funcionado. Después de todo, las ilusiones que por un segundo habían reaparecido desaparecieron totalmente. La bronca y la angustia volvieron a surgir. Una lágrima corrió por la mejilla de Alma otra vez. Ciro se dio media vuelta y la abrazó.
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       -  Me quiero ir- dijo ella.
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       - Vamos a encontrar la manera.

 Pasaron horas. Ambos habían estado muy callados, no habían hecho más que estar tirados en el pasto mirando el cielo. 
Alma tomó una decisión, iba a contarle.

  -Tengo que decirte algo.

 - ¿Qué pasa?- preguntó Ciro un tanto sorprendido por el tono firme en la voz de ella.

 - Mi historia, te voy a contar mi historia.

 - ¿Estás segura? Pero mirá que no hay drama eh, en serio.

 - Por favor déjame hablar. Creo que si te cuento mi historia quizás podamos relacionarla con la tuya y a partir de eso buscar similitudes e idear alguna manera de saber en dónde estamos o cómo escapar. Tu historia era como un cuento, la mía también es así.

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