Sentía un cálido rubor que coloreaba mis mejillas.
Nunca me habían roto el corazón, pero tampoco nunca me lo habían puesto a volar.
Me avergoncé. Me costó hablar.
_Supongo que puedo hacerlo-susurré- si eso te hace feliz.
_Eso no es suficiente, la verdad- dijo Ian-. También tiene que hacerte feliz a ti.
Solo podía sostener su mirada durante unos segundos: la timidez, tan nueva para mí, me confundía, hacía que inevitablemente bajara la mirada hacia mi regazo.
_Creo... que prodría- admití-- Creo que podría hacerme muy, muy feliz.
Feliz y triste, alegre y miserable, segura y temerosa, amada y abandonada, paciente y molesta, pacífica y salvaje, plena y vacía... todo a la vez. Lo sentiría todo. Todo sería mío.
Ian me alzó la cara hasta que lo miré a los ojos, mientras me ruborizaba más aún...
_Entonces, te quedas.
Me besó allí, delante de todo el mundo, pero enseguida me olvidé del público.
Fue fácil y directo, sin confusión, sin objeción, sin división, sólo Ian y yo, y la roca fundida avanzando por este cuerpo nuevo, sellando otra vez el pacto.
_Me quedaré- afirmé.
Y comenzó mi décima vida.
Huésped- Stephenie Meyer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario