-¡No! ¡Basta,
callate! No sé de qué hablás ni de quiénes, no sé quiénes son ellos, no sé
donde estoy, ni sé quién sos vos, ni nada. Yo no estuve en ningún laberinto,
nadie me torturó ni nada de eso. ¡Vos estás loco!
Alma comienza a
avanzar decidida y llena de furia.
No sé que hacer,
por qué me niega todo. Me desconcierta. Se está alejando. No, no puedo
permitirlo. (Ciro corre tras ella y la toma del brazo con firmeza).
-Pará, ¿qué
hacés? ¿Por qué me negás todo? ¿No te das cuenta que ya lo sé? Que sé que
estuviste ahí antes, en ese laberinto horrible, que sé que estabas ahí
encerrada, que esa cosa te hacía la vida imposible, que seguramente hay muchos
más como él. Aceptalo Alma, no me mientas, no te mientas más.
Alma rompe en
llanto. Un llanto profundo y agudo, de esos que salen de lo más hondo de uno
mismo. Ciro
se siente culpable, -quizás no debería haberle dicho nada-piensa.
La abraza, tenía la esperanza de que así se calmaría. Ella llora más, pero le
devuelve el abrazo. Por primera vez en mucho tiempo no se siente absolutamente
sola, alguien se había preocupado por ella, la había salvado y ahora estaba ahí
firme a su lado. Quería explicarle todo pero no podía hablar, la angustia le
provocaba esos espasmos que suelen quitarnos la respiración y las lágrimas le
nublaban la vista. Se tomó un momento para respirar profundo y dijo:
-Pe-perdón,
perdoname- fue lo único que logró decir antes de volver a llorar intensamente.
-No tenés que
pedirme perdón por nada, pero por favor calmate- dijo Ciro sin saber cómo
actuar ante esa situación tan confusa.
-Es-está bien,
yo puedo- dijo ella recomponiéndose de a poco e intentando controlar su
respiración y su llanto. Lo miró fijamente a los ojos por unos segundos. –Gracias-
y volvió a abrazarlo. Decidió que le contaría por lo menos el principio de su
historia, se lo merecía, él era su héroe, la había salvado.
Ciro seguía
quieto, mirándola como esperando a que ella dijese algo y así lo hizo…
Yo…
te mentí. Yo sí me acordaba, yo había estado antes en ese laberinto. No sé muy
bien cómo llegué ahí, apareció una puerta y bueno entré. Pensé que ahí iba a
poder refugiarme de lo que había afuera, tenía frío, pero no fue así. Me asusté,
estaba sola. Empecé a caminar imaginando a la gente que más amo en los espejos,
podía verlos y así me animaba a seguir, pero quien yo más quería desapareció.
Entonces me caí al suelo y ahí apareció él, lo había borrado Ciro, te juro que
ahora no me acordaba, mi memoria lo había eliminado, reprimido.
Todo el tiempo me repetía que él era la aceptación, que tenía el poder, que despertase a la realidad, que no podría, que nada iría bien, que yo era un insecto, que no servía (los ojos vuelven a llenárseles de lágrimas).
No quería, yo no quería que vos tuvieras que estar ahí, no quería arrastrarte conmigo a todo esto. Pero vos… vos pudiste, lo alejaste, me salvaste (vuelve a llorar).
Todo el tiempo me repetía que él era la aceptación, que tenía el poder, que despertase a la realidad, que no podría, que nada iría bien, que yo era un insecto, que no servía (los ojos vuelven a llenárseles de lágrimas).
No quería, yo no quería que vos tuvieras que estar ahí, no quería arrastrarte conmigo a todo esto. Pero vos… vos pudiste, lo alejaste, me salvaste (vuelve a llorar).
A.D.L
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