sábado, 1 de septiembre de 2012

El laberinto de espejos

Ella estaba ahí, parada, sola. El viento soplaba fuerte y la hacía tambalear, mientras que la lluvia le mojaba la frente. Miraba hacia arriba, como siempre, y sonreía.
Se sentía atada, atascada, sin posibilidades de avanzar. Realizando un esfuerzo sobre humano logró dar un paso hacia adelante, luego otro y otro hasta llegar a la puerta. Después de dudar un poco se decidió a entrar, era pesada, la puerta más maciza que había tenido que abrir en toda su vida. Lo logró.
No sabía qué la esperaba dentro, pero al menos el viento no estaría y dejaría de temblar. No fue así. Al entrar lo vio, inmenso, imponente, confuso. Era un laberinto, un laberinto de espejos.
Si había estado perdida hasta ese entonces, ahora muchísimo más. Quiso retroceder, pero la puerta ya no estaba. Solo restaba avanzar. Lo hizo a duras penas, los pies le pasaban pero ella seguía con la mirada erguida, sabía que así lo superaría (como todo lo ya superado). Sabía también que, como de costumbre, estaba sola (o al menos así se sentía), pero esta vez era literal. Contaba únicamente con su propio reflejo, que se presentaba a cada paso y que la desafiaba amenazante.
Ya no era ella contra el mundo, sino también, ella contra sí misma. Tenía miedo, muchísimo miedo y dudaba a cada paso. Nada era seguro, en cualquier momento podría chocarse y caerse, lastimarse, herirse. Aunque confiaba en que se levantaría (así había sido siempre).
Creía en el poder de la imaginación, por lo que en cada espejo imaginaba a alguien amado que le indicaba cómo seguir, hacia dónde arrancar. Avanzaba con cautela, observando con precaución cada movimiento que daba.
Algunos espejos seguían intactos y otros se rompían a su paso, no sabía si era porque los había superado o sólo para confundirla. Llevó su imaginación fuera de los espejos e idealizó a una persona que siempre la había acompañado, le pidió que la guiara, pero ésta comenzó a alejarse.
Sin saber qué hacer comenzó a correr tras ella, pero de un golpe seco cayó al suelo. Lloró tirada por un rato, sin alzar la vista por miedo a que esa persona ya no estuviera ahí. ¿Qué haría si así fuese? ¿Se quedaría encerrada para siempre?
(Continuará, creo).


A.D.L

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