domingo, 24 de febrero de 2013

No te rindas


No te rindas, aun estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.

Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.

Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento.
Aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque cada día es un comienzo,
porque ésta es la hora y el mejor momento,
porque no estás sola, porque yo te quiero.

No te rindas.- Mario Benedetti

jueves, 21 de febrero de 2013

El Cuento de Hadas


-  ¿Te gustó el cuento Almi?

- Si nona, era re lindoooo. ¿Puedo ser como la princesa?

- Vos ya sos una princesa, tenés tu castillo, tus sirvientes, tus vestidos.

- Si, pero la del cuento tenía príncipe y hermanos y hermanas, y los papás la abrazaban. Yo no tengo nada de eso (una mueca triste se dibuja en el rostro de la niña)
La mucama a la que la niña llama Nona como muestra de cariño se queda sin palabras. Ella tiene razón, piensa, pero no puede saberlo. Sería demasiado duro.

-Alma, querida, pero no todas las princesas necesitan tener lo mismo, cada una es diferente, es especial y vos también lo sos. Ahora a dormir.

-Pero Nona, no tengo sueño, un ratito más.

-No Alma, hoy no. Mañana contamos otro, mirá todos los libros que tenés. Tenemos un cuento distinto para cada día.

La habitación era hermosa. Una cama del estilo principesco con hermosas sábanas rosas, una biblioteca grande, muy grande, llena de libros de cuentos, una ventana enorme que daba a un balcón desde el cuál se podían ver varias cuadras a la redonda y las paredes, qué hermosas estaban pintadas, rosas con dibujos de princesas y un castillo muy grande. Toda la casa era hermosa, era soñada. Una mansión inmensa, con ventanales que irradiaban luz y llena de habitaciones y pasillos por todas partes.
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-Ah, pero eras una chetita entonces- dijo Ciro medio entre risas.

- Sí, mi familia tenía mucha plata, pero también ocultaban muchos secretos ¿sabés? Toda una historia. Mientras a mí me hacían creer que era una princesa de cuentos de hadas que vivía en un mundo feliz en realidad vivía en un mundo de mentiras. Yo… tenía un hermano, pero él murió y yo no lo sabía. Era mayor que yo, tres años, y murió al nacer. Me hubiera encantado conocerlo, que se yo haber crecido con él. A veces es duro estar sola dentro de ese mundo de fantasías, no tenés en quién confiar.
Mis viejos lo negaron siempre, cómo podía pasarles algo así a ellos tan aristocráticos y perfectos. ¿Y sabés lo que más bronca me da? Que me lo contó mi Nona no ellos. Nona era la mucama de la casa, siempre me cuidó desde que tengo memoria, ella me contaba los cuentos, me mimaba, era como mi mamá y cuando fui más grande me contó toda la verdad.
Mis papás, bueno ellos viven ocupados por parecer la familia perfecta, siempre resaltando su clase y elegancia. Y así me criaron, entre dinero y cosas materiales pero marcando una gran distancia, siempre fríos y ausentes. A veces pienso que quizás hubiesen sido más felices con mi hermano, el que murió que conmigo, quizás no me quieren o soy un estorbo en sus vidas.
Ni ellos se quieren, vos al menos sabés que tu papá amaba a tu mamá, yo no. Nunca los vi sonreír de verdad, actuar sin fingir.
Mi nona es la que siempre estuvo ahí, presente, escuchándome, aconsejándome y la verdad es que… ¡la extraño tanto! -una pequeña lágrima se deslizó sobre la mejilla de Alma- sabía que tenía más cosas por contarle a Ciro pero todavía no era el momento, además solo tenía sospechas, realmente no creía que eso fuera a ayudarlos a salir de dónde fuese que estuvieran.

miércoles, 13 de febrero de 2013

La puerta


Después de otra noche de paz y tranquilidad llegaba el momento de actuar. Alma se levantó temprano y buscó algo para poder comer, unas frutas y un poco de agua del inmenso río que había creado. Ciro dormía como un tronco, a ella le causaba gracias verlo y contenía su risa para no despertarlo.
Más allá de su alegría aparente seguía preocupándole seguir en esa clase de realidad paralela, no retrocedían pero tampoco avanzaban. Había deseado tanto alejarse un poco de toda su familia, y ahora comenzaba a extrañar. Algo daba vueltas en su cabeza: ¿si le contaba a Ciro toda su historia, eso les daría una pista para saber por dónde hallar la salida? Pensaba que quizás sus historias tenían algo en común en algún punto, eran como un cuento, pero cuentos distintos. Quizás esa similitud no fuese una coincidencia, quizás esa era la clave.
Aun así no estaba segura. Tendría que quitarse su caparazón de chica feliz y de vida perfecta (que gran mentira). Nunca podía hablar de su vida más allá de lo que ésta aparentaba ser, le daba tanto miedo. Se bloqueaba, temía que la culparan a ella, que no la aceptaran, ¿con Ciro sería igual?
Él la sacó de su sumisión cuando de repente gritó: -Ey, hiciste el desayuno! ¡Gracias!- y le sonrió.
Comieron y rieron un rato, cargándose el uno al otro por las caídas y las ensuciadas en sus carreras de obstáculos, realmente disfrutaban estar juntos, al menos en esa situación.
Después de dar vueltas durante toda la mañana, Ciro se dio cuenta del estado de Alma:

-¿Te pasa algo? ¿Es por lo que hablamos anoche no?

-Si, es eso.

-Bueno pero no te preocupes ahora vamos a intentar salir.

- No tengo idea de cómo- le dijo Alma sin pensar todavía en contarle nada a su compañero.

- Yo tampoco- rió  pero pensemos. Si nosotros podemos crear espacios y cosas a través de nuestra imaginación quizás también podamos crear una especia de puerta que nos lleve a casa, o al menos a un lugar más “real”. Quizás si nos concentramos juntos podamos lograrlo.
Vio rastros de duda en el rostro de Alma, pero sin dejar pasar más tiempo la tomó de la mano y dijo:

- Dale, cerrá los ojos e imaginá una puerta, tu casa, un lugar físico al que pertenecías anteriormente.

Mil imágenes pasaron por la cabeza de Alma, desde su tobogán de cuando era niña, hasta su colegio, sus amigos, su papá, su mamá…

De repente un golpe seco inundó el lugar haciendo que ambos se sobresaltaran y abrieran los ojos. Una puerta inmensa había aparecido frente a ellos. Era de madera, una madera obscura, algo así como de roble. Tenía un picaporte dorado, antiguo, de esos que aparecen en las películas de terror en las mansiones embrujadas.
-            
         - Abramos- dijo Ciro, y dio un paso adelante.

Alma lo siguió de cerca. Abrieron. … Nada. Del otro lado no había nada. El mismo pasto, en el que estaban pero del otro lado de la puerta, nada más. No había funcionado. Después de todo, las ilusiones que por un segundo habían reaparecido desaparecieron totalmente. La bronca y la angustia volvieron a surgir. Una lágrima corrió por la mejilla de Alma otra vez. Ciro se dio media vuelta y la abrazó.
-          
       -  Me quiero ir- dijo ella.
-         
       - Vamos a encontrar la manera.

 Pasaron horas. Ambos habían estado muy callados, no habían hecho más que estar tirados en el pasto mirando el cielo. 
Alma tomó una decisión, iba a contarle.

  -Tengo que decirte algo.

 - ¿Qué pasa?- preguntó Ciro un tanto sorprendido por el tono firme en la voz de ella.

 - Mi historia, te voy a contar mi historia.

 - ¿Estás segura? Pero mirá que no hay drama eh, en serio.

 - Por favor déjame hablar. Creo que si te cuento mi historia quizás podamos relacionarla con la tuya y a partir de eso buscar similitudes e idear alguna manera de saber en dónde estamos o cómo escapar. Tu historia era como un cuento, la mía también es así.