En ese momento sí estaba segura de lo que hacía (casi nunca lo estaba) porque era su única vía de escape temporal. Así que tomó coraje, cerró sus ojos y la atravesó.
Nunca habría imaginado lo que allí se encontraba ni siquiera en sus sueños más deseados, ni en sus pesadillas más temidas.
Claramente nada era normal, nada era obvio ni como había sido antes.
Un jardín cubría el lugar: pastos, flores, árboles, colores; se asemejaba a lo que solían llamar el paraíso pero ella sabía que no lo era, no estaba muerta (o al menos eso creía) ni lo suficientemente loca como para estar imaginando todo aquello que se hallaba a su alrededor. Estaba anocheciendo, el sol caía de a poco y la claridad comenzaba a desvanecerse, el supuesto paraíso parecía inmenso, infinito, sin horizontes.
Estaba sola, otra vez.
Comenzó a caminar despacio en busca de algún refugio o alguna mínima muestra de vida y entonces la vio, parada a lo lejos, esa figura extraña tan humana como ella en ese mismo lugar, en ese mismo instante. Creyó que sería su salvación, su acompañante, su guía o simplemente algo.
Pero de repente el miedo apareció, ¿qué tal si no quería ayudarla?, si todo era una trampa de su propio inconsciente, una especie de ilusión u espejismo macabro.
No sabía si estaba preparada para volver a desilusionarse pero debía avanzar. Quedarse ahí estancada no era una opción, si la puerta había aparecido en su laberinto por algo sería.
Temerosa y con sigilo empezó a acercarse, paso a paso. Sentía que el tiempo estaba detenido en ese momento, que no existía nada más... Y llegó, estaba frente a la figura tan ansiada, frente a frente se encontraban. Algo nuevo iba a suceder.
A.D.L
No hay comentarios:
Publicar un comentario