Ya todo daba vueltas otra vez y la poca estabilidad conseguida volvía a desmoronarse, se desequilibraba nuevamente sin importar el por qué o el cómo.
_ Que poco te duró el orgullo-te dije.
Y tu respuesta fue más que suficiente como para reafirmar una vez más lo que ya sabía. Me impresiona lo poco que me conocés, lo poco que me valorás.
La soledad volvía a reinar en la obscura noche, otra vez sopa, eso pensaba una y otra vez. Tus palabras una vez más demostraban tu falsedad e hipocresía (advertencia: te recuerdo que a la larga o a la corta todo se sabe). Tus actos, tan superficiales como vacíos no cambian nada, por el contrario, reafirman mi posición.
Y las lágrimas de nuevo caían lentamente por dolor y por bronca,
porque el alma se va nublando y el corazón se va endureciendo.
Todo empieza a ser hielo. ¿Aparecerá alguna vez un fuego que lo pueda derretir?
A.D.L

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