El piso espejado del palacio sentía el repiqueteo de lágrimas que parecían no cesar jamás...
¿Qué más queda?- pensaba y se repetía una y otra vez. Todo estaba devastado, todo menos aquel espacio ahora insignificante. Todo, salvo aquellos restos de su ser que gritaban por desaparecer.
Ya no más luz, ni amaneceres, ni compañía.
Ahora su mejor amigo y su peor enemigo era ella misma. La lucha interna se estaba librando minuto a minuto. Estaba perdiendo la guerra. Su guerra.
Y si no lo lograba, si no lograba despegarse de todos los recuerdos, si no vencía los temores, si no se perdonaba, quizás el fuego se apagara y quedaría solo la oscuridad.
Aterradora, solitaria, fría.
A.D.L
1.01.16
No hay comentarios:
Publicar un comentario