Y graba en tu memoria estos pocos preceptos:
Que tu lengua no descubra tus pensamientos ni tus acciones delaten irreflexión.
Sé amistoso, pero no vulgar.
A los amigos que tengas y hallas puesto a prueba, sujétalos a tu alma con garfios de acero, pero no vuelvas insensible la palma de tu mano agasajando a camaradas recién salidos del cascarón.
Cuídate de las peleas; sin embargo, una vez iniciada, persiste de tal modo que se el contrario quien deba cuidarse de ti.
Presta a todos tus oídos, pero a pocos tu voz.
Considera las opiniones de los demás, pero reserva tu juicio.
Que tu vestido sea tan costoso como tu bolsa lo permita, pero sin frivolidad en su hechura, caro sin ser llamativo, porque el traje a menudo revela al sujeto (...).
Ni pidas prestado ni prestes a nadie, porque prestar habitualmente lleva a perder, a un tiempo, el dinero y el amigo, y el tomar prestado envicia el hábito de la economía.
Y sobre todo, recuerda esto: sé sincero contigo mismo, y así como la noche sucede al día, sucederá que no podrás ser falso con nadie.
Hamlet. William Shakespeare.