Hoy un hecho merece ser relatado. La primer demostración que me llega al alma de la personita que menos lo esperaba, el primer momento en el que la emoción me recorrió todo el cuerpo y no pude evitar el agua en los ojos. Hoy, en la sala multisensorial a la que vamos con mis alumnos para que se relajen y disfruten viví la situación mágica.
Estando sentada con uno de ellos apoyado en mis piernas y agarrado de mi mano se acercó otro de mis nenes, Agustín. Pensé que quería empujarme o demostrar que estaba enojado y, sin embargo, me agarró por los hombros y acercó su boca a mi mejilla sin llegar a darme un beso pero haciendo el intento. Todavía, como había sido muy sorpresivo no entendía cuál había sido su intención, hasta que una maestra me dijo que, esa es la manera que él tiene de demostrar que está contento de ver a otra persona, que le tiene cariño y se siente agradecido porque intentan ayudarlo.
En ese momento entendí que acababa de vivir un instante mágico, cuando el Universo se detiene para hacerte comprender que no importa el tiempo ni el espacio en el que estemos sino que hay algo que va más allá, el amor. En todas sus formas y manifestaciones. Sentirlos tan cerca, tan seguros, tan queridos. Sentir que realmente lo poquito que hacés les llega, que aunque no puedan hablar o expresarlo lo sienten y de alguna manera por más chiquitita que sea lo demuestran.
Eso hoy me hizo feliz y no puedo evitar lagrimear al narrarlo. Momentos mágicos como pocos con personas especiales como todos.
A.D.L