lunes, 30 de diciembre de 2013

Carta n°1

Es difícil escribir sin pensarte, y lo es también pensarte sin necesitar escribir. Aunque, de hecho, pensarte no es una tarea muy difícil, se podría decir que vives en mi mente.
¿Recuerdas el día en que nos conocimos? Tu sonrisa era tan blanca, tan pura, tan… ¿feliz? que me hipnotizó. Recuerdo que nos saludamos con un beso en la mejilla y, desde ese momento supe que querría poder besarlas siempre.
Me miraste y halagaste mis ojos, dijiste que tenían una forma extraña y que eran capaces de transmitir muchas cosas. No lo entendí, quizás porque estaba demasiado perdida en los tuyos, es que ¡no podía dejar de mirarlos! Nunca había visto unos tan hermosos.
Te pedí disculpas por no haberme presentado, a pesar de que te había dado un beso, te extendí mi mano y te dije mi nombre, y al tocar la tuya sentí la magia que me convenció de que eras tú. Cuando te presentaste sonreí y creo que quizás me sonrojé, tú también te disculpaste por haber hecho un comentario sobre mis ojos sin siquiera haberte presentado.
Quizás ambos estábamos envueltos por ese algo llamado amor. Quizás nos habíamos conocido en alguna otra vida. Quizás tu corazón ya pertenecía a otra persona, pero eso no me importaba, porque yo sabía que el mío latía a causa de ti.
Cerré los ojos por un segundo y me envolví en tu perfume, y al abrirlos, percibí que no había nadie más. Sólo éramos tú y yo, y ahora mi mundo giraba en torno a ti.
Y no hizo falta decir nada porque nuestros ojos lo decían todo. Cuando las palabras sobran, las miradas hablan. Y no existía nada más que la inmensa profundidad de tus ojos, en los que me perdí, y de los que nunca pude regresar.

A.D.L

jueves, 26 de diciembre de 2013

Resurgir

Quizá sea cierto que todo llega cuando uno más lo necesita. Será que el tiempo finalmente lo dice todo y nos hace darnos cuenta de qué es lo que necesitamos y queremos en nuestras vidas (y a quiénes).
Hoy resurjo otra vez, esto empieza a funcionar mágicamente y, estoy segura de que por algo será. En la vida existen momentos decisivos, cuando uno ya es grande y puede darse cuenta de las cosas, puede elegir y hacerse cargo de la decisión que tomó.
Todo el tiempo elegimos cosas, accionamos y reaccionamos guiándonos por impulsos que quizás no meditamos. ¿Y está mal? ¿No será que a través de esas reacciones espontáneas nos mostramos verdaderamente?
No soy quién para juzgar a nadie pero sí tengo la capacidad y la libertad de elegir. Hoy elijo de nuevo, como tantas otras veces, aún teniendo en cuenta la posibilidad de estar equivocándome. Al fin y al cabo, de los errores se aprende ¿no?.


Cada día es un nuevo comienzo.
Todos los días del mundo existe una forma de resucitar.



A.D.L